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¿Por qué adquirir un colchón ecológico reciclable?

«La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama. Este querría padecer junto a la estufa y aquel cree que podría curarse frente a la ventana». Lo escribió Charles Baudelaire y no se refería al colchón. ¡En absoluto! Sin embargo, si se trata de elegir este, el asunto tampoco es una minucia… A fin de cuentas, ¿acaso no pasamos sobre él gran parte de nuestra vida? Pues nada menos que un tercio de ella si se duermen ocho horas, una cuarta parte si son seis.

Si buscamos que nuestro descanso afecte lo menos posible al medioambiente, cabe plantear varias preguntas. ¿Cuántos colchones se desechan cada año? ¿Qué porcentaje de ellos se recicla? En las estadísticas los colchones aparecen —junto a muebles, alfombras o sofás— en la categoría de residuos voluminosos. Según datos de la Comisión Europea, Europa genera cada año 19 millones de toneladas de residuos voluminosos. De tales restos, el porcentaje que acaba en vertederos sin haber reciclado ninguno de sus componentes ronda el 60 %.

La Comisión Europea calcula que cada año se generan en Europa 19 millones de toneladas de residuos voluminosos, entre los que se cuentan muebles y colchones. España es responsable de 2 millones si se extrapola por población.

Asimismo, ¿de qué está hecho un colchón? Cerca de un 90 % de los colchones incluyen espuma de poliuretano. Llamado gomaespuma en lenguaje coloquial, y compuesto por petróleo y azúcar, dicho plástico permite obtener por su bajo precio colchones muy económicos. Ahora bien, dicho material acarrea un grave inconveniente: ser muy inflamable.

De ahí la incorporación de ciertas sustancias químicas que actúan como retardantes de la llama en caso de incendio. Ahora bien, debido a su toxicidad, la UE comenzó a prohibir ciertos retardantes de llama bromados en 2004 y endureció las restricciones en 2008. No sorprende, pues, que el Dr. Nicolás Olea —investigador experto en disruptores endocrinos— aconseje en su libro Libérate de tóxicos deshacerse de cojines y colchones de gomaespuma anteriores a dicha fecha.

En conclusión, si a la preocupación por nuestra salud sumamos el bienestar del planeta, adquirir un colchón ecológico parece ser una decisión muy razonable.

¿En qué fijarse al elegir un colchón ecológico?

Un colchón ecológico digno de lucir dicho nombre ha de reunir dos condiciones. Una: estar conformado por materias primas naturales o recuperadas. Otra: un ecodiseño que facilite, acabada su vida útil, separar con facilidad sus componentes a fin de reutilizarlos o reciclarlos.

A modo de ejemplo, he aquí una breve descripción de las características del Wonderflip, según su fabricante, el primer colchón autorreciclable. Este colchón ecológico consta de un núcleo de muelles ensacados de acero revestido por capas de viscosa natural sostenible, fibra hipoalergénica reciclable, lino y kenaf, y algodón orgánico. Cuenta con una vida útil superior a 10 años y varios certificados ecológicos, GOTS y OEKO-TEX, entre otros.

¿Cómo ayuda el colchón Wonderflip a separar tales materiales al final de su vida útil? Su borde lateral esconde un hilo (cuyo inicio es protegido por una etiqueta) que facilita despiezar el colchón sin tijeras. En su interior, la capa superior lleva patrones impresos que permiten convertirla en bolsa, cama para perros o esterilla de yoga; las capas de revestimiento sirven, por su parte, como material del relleno, y los muelles de acero —destinados al punto limpio— se sacan sin dificultad rasgando con un cúter la tela de su estructura de sacos.

Para acabar, ¿qué decir del precio? ¿Obliga un colchón ecológico a un mayor esfuerzo económico? Todo depende de su calidad… Pero una cosa es segura: en todo colchón, el coste por hora es del orden de céntimos. Quizá aquí ayude recordar al poeta y naturalista francés Guy de Maupassant, contemporáneo de Baudelaire, quien escribió: «La cama, amigo mío es toda nuestra vida. Aquí nacemos, aquí amamos, y aquí morimos». Lo mismo se podría decir de la Tierra.

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